destensa las cuerdas que te hacen estremecer
-latigazos
míralas, una a una
conócelas
-latigazos
siente tu cuerpo bajo ellas
-latigazos
no es necesario que grites
-latigazos
oye un susurro que viene de más de allá que de aquí
LUCHARÉ POR TI
-latigazos
escucha
-latigazos
escúchalo
-latigazos
siente
-latigazos
eso que habla
LUCHARÉ POR TI
-latigazos
siente
-latigazos
su cuerpo
-entre remolinos-
LUCHARÉ POR TI
-latigazos
LUCHARÉ POR TI
-latigazos
ella y él
-lucharé por ti
vosotros
-lucharé por ti
nosotros
lucharé por ti
eso que habla,
eso que canta -entre latigazos- la vida. Lucharé por ti.
todas las mañanas de café llevarán intrínseco el olor de aquella, llevarán tu nombre o tu gesto.
la voz de un coro de voces blancas
no porta tu nombre
son otros quienes lo arrastran
él, aquellos,
yo
pero no como una sombra
sino como un leve movimiento
de pupilas, de cuello
en el pensar(te)
él no se ahoga en este extenso
mar de arena -azul hirviente
a la vez que gélida-
Desconcertante.
Hurta el paisaje: las nubes, la bóveda celeste,
las montañas y los árboles
la energía, no todas las palabras;
tampoco el horizonte
Y abrígate.
ruido de la constancia, palpitar
-que no eres como una caja llena de relojes-
que recuerdas a la muerte
la misma vida
y yo me vuelvo sobre ti
aquí y ahora
hija del éxodo y del hambre
amiga de los demás olvidados
que vuelves a abrir el mundo tras el parpadeo
sonido que recuerdas a la vida
la misma vida.
En recuerdo tuyo. En el instante de ella. También a Dani.
9.6.12
no encienden la luz
pero se nos hace de día en los ascensores
y me aburro oyendo discutir a Bon Iver
con Buckley
-cuando él mismo se contradecía-
siempre interrumpidos por el grito de Tom,
él sabía bailar
-entre anónimos e iguales-
y seguro que no consideraba inocentes
a aquellos que afirman
abrazar las estrellas
y bajarlas a la Tierra
es como plantar
un campo de sal
-entre perfume y colores-
necesitas velocidad en esa carretera universal
-entre días y noches-
aunque solo sea para ver el gran océano atlántico
-danza sobre todas las cabezas-
que nada tiene que ver con la arena -artificial- de nuestras playas
de donde hemos sacado las rocas
para enviarlas al espacio -el nuestro- en forma de meteoritos
no mirarás los asteroides -atados entre el gran Dios del rayo y el de la guerra-
sino el satélite anclado a tu órbita
-entre anónimos e iguales-
cogiendo velocidad
-entre días y noches-
para bailar.